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La Herencia de las Sombras: Eugenesia, Historia y los Dilemas Genéticos del Siglo XXI

Introducción: Una Pregunta Incómoda

Solemos presumir de vivir en una era de avance científico sin precedentes, donde las herramientas de edición genómica se presentan como el culmen del progreso humanitario. Sin embargo, detrás de la imagen impecable de la tecnología CRISPR y la medicina de precisión hay una pregunta históricamente incómoda: ¿puede la biotecnología moderna reproducir, bajo nuevas formas, las lógicas sociales que hicieron posible la eugenesia del siglo XX?

Antes de responder esa pregunta, conviene precisar de qué hablamos. La eugenesia histórica era una empresa de Estado orientada a modificar la composición genética de poblaciones enteras mediante coerción, exclusión y, en sus formas más extremas, exterminio. La genética médica contemporánea opera, en su mayoría, sobre individuos y familias con el objetivo de reducir el sufrimiento causado por enfermedades genéticas severas. Esa distinción no es cosmética: es el criterio que separa la higiene racial del cuidado médico. Sin embargo, la pregunta que este texto quiere explorar es si la lógica de fondo —la búsqueda del «genotipo deseable»— puede, bajo ciertas condiciones sociales y económicas, reproducir jerarquías de exclusión incluso en ausencia de coerción estatal explícita.

La eugenesia no es un capítulo definitivamente cerrado tras la caída del Tercer Reich. Es una tendencia que puede emerger bajo formas muy distintas, desde la imposición coercitiva del Estado hasta la elección aparentemente libre del consumidor. Examinar ese recorrido histórico —con sus matices, sus discontinuidades y sus advertencias genuinas— es el propósito de las cuatro secciones que siguen.


1. El Maestro Inesperado: Cuando los Nazis Miraron hacia Estados Unidos

Para la narrativa popular, existe una frontera moral infranqueable entre las democracias liberales y el horror nazi. No obstante, la investigación del historiador jurídico James Q. Whitman en Hitler’s American Model (Princeton University Press, 2017) revela una verdad históricamente incómoda: los juristas del Tercer Reich consideraban a los Estados Unidos como el líder mundial en legislación racial. Durante las deliberaciones de la Strafrechtskommission en 1934, los funcionarios nazis analizaron con detalle técnico el modelo estadounidense de exclusión racial como referente para sus propias leyes de Núremberg.

La admiración de Adolf Hitler por el pensamiento eugenésico norteamericano quedó expresada en Mein Kampf, donde elogió la obra de Madison Grant, The Passing of the Great Race (1916), como un texto fundamental. Una de las paradojas más llamativas de este vínculo es que los propios funcionarios nazis llegaron a considerar que algunas disposiciones estadounidenses —como la one-drop rule, que definía como negra a cualquier persona con un ancestro de ese origen— eran jurídicamente demasiado extremas para ser adoptadas en Alemania. Hitler escribió:

«En la actualidad existe un Estado que manifiesta, al menos, algunos modestos intentos que muestran una mejor apreciación de cómo deberían hacerse las cosas en esta materia… No es en nuestra modesta República Alemana, sino en los EE. UU., donde se hacen esfuerzos para conformarse, al menos en parte, a los consejos del sentido común.»

— Adolf Hitler, Mein Kampf (1924-25).

El argumento de Whitman es más matizado que una acusación moral directa: su tesis es que la narrativa del nazismo como fenómeno histórico excepcional oculta el hecho de que los ideólogos nazis encontraron precedentes legales funcionales en democracias liberales. Eso no equivale a equiparar ambos sistemas, sino a exigir una autocrítica histórica más rigurosa que no permita a las democracias occidentales mirarse ajenas al proceso que hizo posible la eugenesia de Estado.

Logo del Second International Congress of Eugenics, 1921 (Dominio público, via Wikimedia Commons).

2. «Tres Generaciones de Imbéciles son Suficientes»

La frialdad lógica del movimiento eugenésico no fue patrimonio exclusivo de los regímenes totalitarios. En Gran Bretaña, Winston Churchill, como Ministro del Interior, redactó en 1910 un memorando dirigido al Primer Ministro Herbert Asquith en el que abogaba por la reclusión y la esterilización de personas clasificadas como «débiles mentales», a quienes describía como un «peligro nacional» para la vitalidad del Imperio. Churchill no fue una voz aislada: el eugenismo fue, en el mundo anglosajón de principios del siglo XX, una posición mayoritaria entre intelectuales progresistas y conservadores por igual, respaldada por figuras tan dispares como H.G. Wells, George Bernard Shaw y John Maynard Keynes.

Esta mentalidad cristalizó institucionalmente en 1907 en Indiana, que se convirtió en el primer cuerpo gubernamental del mundo en promulgar una ley de esterilización eugenésica. El punto más grave de esta complicidad entre ciencia deficiente y derecho ocurrió en el caso Buck v. Bell (1927). Carrie Buck, una joven violada por el sobrino de sus padres adoptivos, fue clasificada como feeble-minded (débil mental) mediante criterios que historiadores posteriores han demostrado que eran en gran medida una construcción institucional conveniente para justificar su esterilización forzosa. El juez Oliver Wendell Holmes Jr. sentenció el destino de Carrie y de los más de 70,000 estadounidenses que serían esterilizados bajo leyes similares:

«Es mejor para todo el mundo si, en lugar de esperar a ejecutar a la descendencia degenerada por sus crímenes o dejar que mueran de hambre por su imbecilidad, la sociedad puede prevenir que aquellos que son manifiestamente ineptos continúen con su clase… Tres generaciones de imbéciles son suficientes.»

Un dato que suele omitirse en los relatos divulgativos: Buck v. Bell nunca ha sido formalmente derogado por la Corte Suprema de los Estados Unidos.


3. El Mendelismo Social: El Genotipo como Sentencia

Si bien el darwinismo social suele acaparar la atención en los relatos sobre eugenesia, el historiador Amir Teicher ha demostrado en Social Mendelism (Cambridge University Press, 2022) que el régimen nazi se cimentó de manera específica en una interpretación distorsionada de las leyes de Gregor Mendel. La transición de la genética de guisantes a la «ciencia de la raza» permitió que el valor social de un individuo ya no residiera únicamente en su apariencia observable (fenotipo), sino en su herencia oculta (genotipo). El miedo a que rasgos recesivos «indeseables» pudieran aflorar en generaciones futuras transformó la medicina en una herramienta de vigilancia genealógica.

Este enfoque reorganizó radicalmente la estructura del conocimiento en Alemania:

  • De la curación a la higiene social: La psiquiatría abandonó el enfoque en la salud del individuo para priorizar la protección del «cuerpo social» frente al supuesto deterioro hereditario.
  • La biopolítica del genotipo: Se instruyó a la población para desconfiar no solo de la apariencia externa, sino de las «disposiciones hereditarias» invisibles que cualquier persona podía portar sin saberlo.
  • La antropología como taxonomía de exclusión: Las mediciones físicas y los registros genealógicos se estandarizaron no para entender la diversidad humana, sino para detectar «contaminaciones» genéticas que amenazaban la pureza del Volk.

Lo que revela el trabajo de Teicher es que la pseudociencia eugenésica no operó en oposición al conocimiento genético disponible, sino apropiándose de su lenguaje y distorsionando su alcance. Esta es una lección metodológica de primera importancia: el riesgo no siempre proviene de la ignorancia científica, sino de la apropiación del lenguaje científico por agendas sociales que preexisten a los datos.


4. De la Coerción al Consumidor: ¿Existe una «Nueva Eugenesia»?

La transición del siglo XX al XXI ha marcado el paso de una eugenesia estatal y coercitiva a un conjunto de prácticas biomédicas orientadas al individuo. Para evaluar si este cambio constituye una verdadera ruptura ética o una continuidad bajo nuevas formas, es necesario distinguir entre tecnologías que con frecuencia se agrupan indebidamente:

Edición somática. Herramientas como CRISPR/Cas9 se utilizan ya en ensayos clínicos aprobados para modificar células no reproductivas de pacientes con enfermedades como la anemia falciforme o la beta-talasemia. Estas modificaciones no son heritables y tienen una lógica terapéutica directamente comparable a otras intervenciones médicas establecidas.

Diagnóstico genético preimplantacional (DGP). Permite seleccionar embriones libres de mutaciones causantes de enfermedades severas antes de su implantación. Es la tecnología más extendida con implicaciones de selección genética, y su debate ético es considerablemente más matizado que el de la edición germinal.

Edición de línea germinal. Implica modificaciones heritables que se transmitirían a todos los descendientes. El caso del científico chino He Jiankui, quien en noviembre de 2018 editó embriones humanos para inducir resistencia al VIH, representó la primera aplicación clínica conocida de esta categoría. Fue universalmente condenado por la comunidad científica internacional, y He fue sentenciado penalmente en China. Esta tecnología está prohibida o sujeta a moratorias en la gran mayoría de países; las academias nacionales de ciencias de Estados Unidos y el Reino Unido han establecido que no debería avanzar hacia aplicaciones clínicas hasta que existan criterios de seguridad y legitimidad social suficientes.

He Jiankui en el Second International Summit on Human Genome Editing (Dominio público, via Wikimedia Commons).

Dentro del espacio académico, algunos autores han argumentado que la selección genética voluntaria con fines de mejora constituye una categoría ética distinguible de la eugenesia histórica, precisamente porque preserva la autonomía individual. El filósofo Nicholas Agar acuñó el término eugenesia liberal en Liberal Eugenics (Blackwell, 2004) para describir esta posición. Sin embargo, la propuesta de Agar es controvertida y ha generado réplicas importantes. Jürgen Habermas, en El futuro de la naturaleza humana (2003), argumentó que incluso la selección genética sin coerción estatal puede comprometer la autonomía del ser diseñado al definir de antemano rasgos de su identidad. Por su parte, el movimiento de derechos de las personas con discapacidad ha señalado que la selección prenatal sistemática contra ciertos genotipos refuerza estructuras sociales de exclusión independientemente de la intención individual: si la sociedad financia y normaliza la eliminación de determinadas variantes genéticas, envía un mensaje sobre la vida de quienes ya viven con esas condiciones.

En este debate han resonado, de forma significativa, algunas declaraciones de figuras científicas de alto perfil. Robert Edwards, pionero de la fecundación in vitro, afirmó en 1999 que «pronto será un pecado de los padres tener un hijo que cargue con la pesada carga de una enfermedad genética» —declaración que fue ampliamente criticada por bioéticistas y por el movimiento de discapacidad por su carácter normativo y estigmatizador, ya que convierte en imperativo moral la eliminación de ciertos genotipos. James Watson, codescubridor de la estructura del ADN, cuyas declaraciones públicas sobre raza e inteligencia le valieron el repudio de la comunidad científica y la revocación de sus honores institucionales, llegó a afirmar: «La decencia exige que alguien los rescate de los infiernos genéticos. Si no jugamos a ser Dios, ¿quién lo hará?» (1995).

Estas declaraciones son históricamente relevantes como síntoma de una tensión real en el campo, pero es importante subrayar que no representan el consenso científico ni el marco ético dominante en la genómica contemporánea. Citarlas sin esa precisión daría una imagen distorsionada del estado actual del debate.


Conclusión: Una Pregunta Abierta con Condiciones

La historia de la eugenesia enseña que sus consecuencias más graves no provinieron exclusivamente de científicos con malas intenciones, sino de la combinación de conocimiento genético mal comprendido, estructuras sociales preexistentes de exclusión, y la ausencia de mecanismos de deliberación pública. Esa combinación no requiere de un Estado totalitario para producirse.

La genética médica contemporánea no es eugenesia, pero comparte con ella preguntas fundamentales: ¿qué variantes biológicas considera la sociedad «indeseables»?, ¿quién tiene acceso a las tecnologías que permiten intervenir sobre ellas?, ¿qué ocurre con quienes no pueden o no quieren utilizarlas? El biólogo molecular Robert Sinsheimer planteó la pregunta en términos que siguen siendo vigentes: al abandonar el azar de lo que llamó la «lotería cromosómica», ¿estamos construyendo herramientas de liberación del sufrimiento o los fundamentos de una nueva jerarquía biológica?

La respuesta no está predeterminada, y esa es la diferencia crucial respecto al determinismo histórico que a veces domina este debate. Depende, en gran medida, de si somos capaces de construir marcos regulatorios con participación democrática real, de si las personas con discapacidad tienen voz real en las decisiones sobre qué condiciones se consideran «a eliminar», y de si el acceso a estas tecnologías se distribuye de forma que no reproduzca las desigualdades existentes.

La pregunta que debemos hacernos no es si la tecnología nos permite reducir el sufrimiento genético, sino si somos capaces de hacerlo sin reconstruir —esta vez con la apariencia del mercado y la eficiencia— las jerarquías de «aptos» e «ineptos» que ensangrentaron el siglo pasado. Que esa posibilidad exista no significa que sea inevitable. Significa que es una responsabilidad.


La eugenesia constituye un caso de estudio fundamental para entender la relación entre ciencia, sociedad y poder. Aunque surgió en un contexto de avances en la herencia biológica, sus aplicaciones sociales tuvieron profundas consecuencias humanas. En el siguiente episodio analizamos esta historia y examinamos cómo algunos de sus debates resuenan todavía en la era de la genómica y la edición genética.


Para saber más

  • https://www.genome.gov/about-genomics/fact-sheets/Eugenics-and-Scientific-Racism
  • https://www.genome.gov/about-genomics/educational-resources/timelines/eugenics
  • https://encyclopedia.ushmm.org/content/en/article/eugenics

Bibliografía académica

  • Liscum, M., & Garcia, M. L. (2022). You can’t keep a bad idea down: Dark history, death, and potential rebirth of eugenics. Anatomical record (Hoboken, N.J. : 2007)305(4), 902–937. https://doi.org/10.1002/ar.24849
  • Whitman, James Q. Hitler’s American Model: The United States and the Making of Nazi Race Law. Princeton University Press, 2017.
  • Teicher, Amir. Social Mendelism: Genetics and the Politics of Race in Germany, 1900–1948. Cambridge University Press, 2022.
  • Kevles, Daniel J. In the Name of Eugenics: Genetics and the Uses of Human Heredity. Harvard University Press, 1985.Buck v. Bell, 274 U.S. 200 (1927).
  • Agar, Nicholas. Liberal Eugenics: In Defence of Human Enhancement. Blackwell Publishing, 2004.Habermas, Jürgen. El futuro de la naturaleza humana. Barcelona: Paidós, 2002.
  • National Academy of Medicine, National Academy of Sciences & Royal Society. Heritable Human Genome Editing. Washington, DC, 2020.

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