James Watson: genio, polémica y la doble hélice
El pionero del ADN James Watson ha muerto — sus colegas debaten su legado.
James Dewey Watson —quien obtuvo el Premio Nobel por su papel en el descubrimiento de la estructura del ADN, fue figura clave en el inicio del Proyecto Genoma Humano y también polémico por sus comentarios racistas y sexistas— falleció a los 97 años.
Nacido en Chicago en 1928, fue un niño prodigio: ingresó a la Universidad de Chicago a los 15 años y se graduó en zoología con apenas 19. Su vocación por la genética surgió tras leer What Is Life? de Erwin Schrödinger, que lo convenció de que los genes eran la clave para entender la vida.
El hallazgo de la doble hélice del ADN abrió la puerta para comprender los mecanismos de la herencia genética y la síntesis de proteínas. Sin esa comprensión, no habrían sido posibles desarrollos como las terapias génicas, la secuenciación del genoma humano ni los anticuerpos monoclonales usados contra el cáncer.
“La elucidación de la doble hélice está al nivel de los descubrimientos de Mendel y Darwin”, dijo Bruce Stillman, presidente del Laboratorio Cold Spring Harbor (CSHL), donde Watson trabajó gran parte de su vida.
El descubrimiento
En 1953, Watson y Francis Crick, trabajando en la Universidad de Cambridge, publicaron en Nature el artículo “A Structure for Deoxyribose Nucleic Acid”. Watson tenía solo 25 años. Su entusiasmo y ambición eran legendarios.
El trabajo se apoyó en datos clave generados por Rosalind Franklin, Ray Gosling y Maurice Wilkins, incluidos los de la famosa Fotografía 51, una imagen de difracción de rayos X que confirmó la forma helicoidal del ADN. El propio Watson tuvo el “golpe de intuición” al notar que las bases nitrogenadas encajaban en pares específicos, un hallazgo que permitió comprender cómo se copia y transmite la información genética.
Watson y Crick “podrían —y deberían— haber solicitado permiso para usar los datos y haber dejado claro exactamente lo que habían hecho, primero a Franklin y Wilkins, y luego al resto del mundo”, escribieron Matthew Cobb y Nathaniel Comfort, historiadores de la ciencia en la Universidad de Mánchester (Reino Unido) y la Universidad Johns Hopkins en Baltimore (Maryland), respectivamente, en un ensayo de 2023 sobre Franklin.
Tras el descubrimiento, Watson fue especialmente cruel con Franklin y despectivo hacia el papel de las mujeres en la ciencia en general. En un libro superventas sobre el hallazgo de la doble hélice, criticó la apariencia de Franklin y escribió: “No se podía evitar pensar que el mejor lugar para una feminista era en el laboratorio de otra persona”.
El libro, The Double Helix (1968), rompió convenciones por su tono irreverente y revelador; pese a las críticas, se convirtió en una de las narraciones científicas más influyentes del siglo XX.
Una figura contradictoria
Nancy Hopkins, bióloga molecular del MIT, recuerda que Watson la alentó a seguir una carrera científica y la apoyó en momentos difíciles, aunque después quedó desconcertada por sus declaraciones sobre raza.
Una conferencia de 2001 en la Universidad de California, Berkeley, dejó a muchos en la audiencia atónitos cuando Watson hizo comentarios que vinculaban el color de piel con la libido sexual y la delgadez con la ambición.
“Ese fue el principio del fin”, dice Hopkins sobre aquella conferencia. “Lo que ocurrió después, simplemente no lo sé”.
En 2007, Watson canceló una gira de presentación de su libro tras afirmar que creía que las personas negras eran menos inteligentes que las blancas. A lo largo de su carrera ya había hecho comentarios antisemitas y sexistas, pero esta declaración marcó un punto de no retorno: fue destituido de sus cargos de liderazgo en Cold Spring Harbor.
En ese momento aún estaba activo en el Laboratorio Cold Spring Harbor, donde había sido director y había contribuido a convertirlo en una institución científica de primer nivel. Sin embargo, fue destituido de sus cargos de liderazgo en el laboratorio debido a sus declaraciones sobre raza e inteligencia.
En 2019 volvió a insistir en sus ideas racistas en un documental televisivo, lo que llevó a que el laboratorio le retirara sus últimos títulos honorarios. La institución rompió todos los lazos con él en 2020, después de que repitiera comentarios similares. También tenía antecedentes de declaraciones antisemitas, como una de 2007 en la que afirmó que “cierto antisemitismo está justificado”.
Legado científico
Watson escribió textos fundamentales, entre ellos el manual The Molecular Biology of the Gene, que influyó en generaciones de científicos y transformó la manera de enseñar biología molecular.
“Era un maestro excepcional, con una conexión especial con los jóvenes”, señaló el historiador Matthew Cobb.
Alexander Gann, investigador de la expresión génica en Cold Spring Harbor, afirma que el libro fue escrito con un estilo inusualmente accesible para su época y que definió el campo de la biología molecular. “No se parecía a ningún otro libro de texto escrito antes”, dice. “Y cambió la forma en que se escribieron los libros de texto desde entonces”. Watson consideraba este libro —y no la doble hélice— uno de sus mayores logros.
A pesar de sus polémicas, muchos colegas lo recuerdan como un investigador brillante y una figura compleja. Stillman afirma que Watson “se preocupaba por las personas” y apoyó la investigación sobre las implicaciones éticas y sociales del Proyecto Genoma Humano.
A lo largo de su carrera también demostró una enorme capacidad para liderar instituciones científicas. Asumió la dirección del CSHL en 1968 y lo transformó en una de las instituciones más influyentes del mundo, fortaleciendo tanto la investigación como los programas educativos. En 1989 se convirtió en el primer director del Proyecto Genoma Humano. Pese a su carácter directo y su impaciencia, logró impulsar el inicio del proyecto y destinó el 3% del presupuesto al estudio de las implicaciones éticas, legales y sociales de la secuenciación del genoma.
“Realmente se preocupaba por la gente”, dice. “Y eso se evidenciaba en el hecho de que fue el único miembro del profesorado de Harvard en las décadas de 1950 y 1960 que impulsó las carreras de mujeres jóvenes”.
Afirma que no cree que Watson fuera racista y destaca su defensa de la financiación para la investigación de las implicaciones éticas, legales y sociales de la secuenciación del genoma humano mucho antes de que la mayoría creyera que tal hazaña era posible.
Stillman añade: “Más tarde hizo algunos comentarios con los que no estuve de acuerdo. Y tuvimos muchas discusiones al respecto”. Él y otros colegas se preguntan si esos comentarios terminarán eclipsando las demás partes del legado de Watson.
“En cien años, lo que quedará será la doble hélice”, concluye Stillman.
Conclusión
James Watson encarna las luces y sombras de la ciencia moderna: un genio que cambió para siempre nuestra comprensión de la vida, pero cuya figura se vio empañada por sus propias palabras.
Su historia recuerda que el conocimiento científico no puede separarse de la responsabilidad ética y que el verdadero progreso solo ocurre cuando la curiosidad se une al respeto por la humanidad.
Su legado científico es inmenso: sin la comprensión de la doble hélice, la biología moderna sería irreconocible. Tal vez esa sea la paradoja final de Watson: haber descifrado el código de la vida, pero no siempre haber entendido la diversidad que esta encierra.






